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Un coche Mini se vende ante todo por su estilo y su comportamiento en carretera, y se elige por eso más que por razón. Es una de las pocas generalistas cuyo valor de reventa aguanta bien con el tiempo.
El reverso es el coste de uso: la marca pertenece al grupo BMW y el mantenimiento se factura en consecuencia, sea cual sea el precio de compra.
El Cooper, de tres o cinco puertas, domina ampliamente la oferta, por delante del Countryman, único modelo realmente familiar de la gama, y del One en versión de entrada.
A ellos se suman el Cabrio y el Clubman, más raros. Lo esencial del mercado se concentra en las versiones de tres puertas.
La gasolina es mayoritaria, lo que corresponde al uso urbano y de placer de la marca. Los motores se comparten con BMW.
El cambio manual domina la oferta de ocasión; el automático está bien representado en los acabados altos y se revende con más facilidad.
Los neumáticos, a menudo de gran dimensión para el tamaño del coche y a veces runflat, cuestan bastante más de lo que uno espera en un vehículo de este tamaño.
El mantenimiento sigue las tarifas del grupo BMW: hay que estimarlo antes de comprar y no después.
Los Mini suelen estar muy personalizados de origen. La lista de opciones explica buena parte de la diferencia de precio entre dos anuncios aparentemente idénticos.
Un coche Mini de ocasión conviene a un uso urbano o de placer, como coche principal para una o dos personas. El Countryman es la única elección realmente familiar de la gama.
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